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martes, 28 de julio de 2015

EL SUEÑO DEL HIJO

       El silencio de la noche inunda el hogar. Mientras los ojos de la madre ceden al cansancio, la ternura se instala en su corazón. Se acerca sigilosamente a la habitación del hijo para espiar su sueño. La luna ilumina levemente el rostro del niño. La madre lo mira, se sienta a su lado y le acaricia mientras se cobija en la placidez del sueño del hijo. Sonríe y cierra los ojos recorriendo con la yema de sus dedos la cara y el pelo del pequeño que también sonríe en sueños.
       Entonces, ambos, madre e hijo, viajan juntos a los momentos dulces que tejieron su amor.
       Entonces, ella descansa de la madre que debe ser y vive la madre que quiere ser.

jueves, 21 de mayo de 2015

A DIOS PONGO POR TESTIGO

Ayer comencé haciendo referencia a la literatura picaresca aludiendo a Lázaro de Tormes, hoy, si me lo permiten, haré referencia al cine y, emulando a Scarlet O’Hara, diré:

¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré... a dar una explicación!

A todos aquellos que por no haber parido y amamantado a mis hijos:

Me consideran una madre de segunda categoría.
Creen que no existe vínculo entre mis hijos y yo.
Consideran que no puedo quererles como una madre.
Piensan o me dicen que estoy haciendo una obra de caridad.
Me compadecen porque no he llegado a ser una mujer completa.
Se refieren a la engendradora de mis hijos como su madre verdadera, como si yo fuera la madre falsa.
Hablan de sus hijos como hijos propios como si los míos fueran impropios o robados.
Me preguntan si son hermanos de verdad, como si se pudiera ser hermanos de mentira.
Se atreven a opinar sobre mi forma de educar a mis hijos dándome consejos no pedidos.
Afirman que los sobreprotejo porque me consideran incapaz de educarlos.
Aseguran que mis hijos me manipulan porque, al ser media mujer, también debo ser medio tonta.
Se permiten el lujo de pensar que mis hijos son monstruos malvados que se aprovechan de mí y por tanto sienten lástima.
Creen que soy mala persona y seguro que escondo algo o maltrato a mis hijos...
A todos ellos y otros semejantes, iba dirigido mi escrito de ayer. Y a todos ellos prometo contestarles a partir de ahora que yo al menos he conseguido ser algo importante en la vida, justo lo que quería ser: la reina de las madrastras. ¿Os animáis el resto de madres?

martes, 3 de febrero de 2015

EL VALOR DE LAS PALABRAS

Interrumpo el ciclo de microrrelatos perdedores para dar mi opinión sobre uno de los temas tratados esta tarde en el programa La ventana de la Cadena Ser: la votación que ha habido en el Parlamento británico sobre la reforma de la ley de reproducción asistida.

En mi opinión el problema está en las palabras que utilizamos. Y no es un problema del lenguaje, sino del uso que hacemos de él.
Contaré una anécdota propia para explicarme mejor:

Cuando mi hijo mayor tenía seis años fui a su clase a hablar de la adopción. Empecé mi charla como lo hago siempre, apelando al sentido del humor:
-Ya me han dicho que vosotros ya sabéis que los niños nacen de las barrigas de... las mesas, -dije yo.
Todos los niños rieron al unísono mientras gritaban “noooo”.
-Entonces, ¿de quién? -Pregunté.
-De las barrigas de las mamás, dijeron ellos repitiendo lo aprendido en clase.
-Ah, pues... –empecé con cara de preocupación-, entonces... ¿yo quién soy?
-La mamá de Carlos –respondieron ellos en tono de “vaya pregunta más tonta”.
-No puede ser –insistí-, porque Carlos no ha estado en mi barriga.
Aquí empezaron las caras de interés, sorpresa, incredulidad..., mientras repetían que sí era su mamá.
Yo les pregunté:
-¿Qué hacen las mamás?
Y ellos empezaron a detallar las actividades de sus madres: nos dan de comer, nos duermen, nos cuidan cuando estamos enfermos, nos vigilan en el parque, nos ayudan con los deberes, nos riñen cuando nos portamos mal...
A cada cosa yo decía: “Ah, pues sí, eso sí lo hago” y ellos insistían: “Porque eres su mamá”.
-Ya lo entiendo –concluí-, lo que queréis decir es que los niños nacen de las barrigas de las mujeres.
-¡Eso! –dijeron ellos.
Yo seguí:
-Es que hay mujeres que pueden tener niños en la barriga, y pueden y saben ser mamás, otras mujeres pueden tener niños en la barrigas pero o no pueden o no saben ser mamás y otras que no pueden tener niños en la barriga pero sí saben y pueden ser mamás. Lo importante, es que todos los niños necesitan unos papás o unas mamás.

Cuento esto porque tenemos la costumbre de utilizar mal las palabras y en los libros de texto, por ejemplo, o en la escuela, cuando tratan el tema de la reproducción humana, suelen referirse a las mujeres como mamás o madres, depende de la edad del público al que se dirigen. Y los medios de comunicación repiten este patrón cada vez que hablan de la maternidad o la paternidad. Pero ya la sabiduría popular dice que “Madre no es la que pare sino la que cría” y esto ha sido así siempre. Por tanto, y dado que tenemos palabras para referirnos a todos los conceptos, utilicémoslas correctamente y así no nos llevaremos a engaño, no confundiremos términos y será más fácil entendernos.

Yo propongo un minidiccionario de términos:
Madre o padre son los que crían, educan y dan amor.
Engendradores son aquéllos que son capaces de engendrar un ser al que le transmiten su carga genética.
Gracias a los avances científicos, tenemos también:
Gestantes que son las mujeres que albergan el embrión primero y feto después, en su útero.
Donantes, aquéllos que donan una parte de sí mismos para que otros puedan vivir.

Y, supongo que podríamos ir ampliando la lista de palabras para utilizarlas en el contexto adecuado. Evitaríamos problemas, confusiones, incomprensión y dolor, porque no hay nada que duela más que una palabra mal dicha.


martes, 26 de agosto de 2014

LA ADOPCIÓN: Un roto para un descosido

A ser padres se ha llegado desde siempre por dos vías: la biológica y la adoptiva. Baste con leer la historia, la literatura o los libros sagrados, por ejemplo, para encontrar familias constituidas de las dos maneras. Y fíjense que, viniendo como viene de tan antiguo, la adoptiva todavía hoy es considerada por algunos como una vía de segunda clase. Lamentable.
La decisión de ser padres adoptivos responde a diferentes motivos, todos ellos –o casi todos, porque imagino que de todo tiene que haber en la viña del señor– tan dignos y respetables como los que llevan a optar por ser padres biológicos. La única diferencia es que, de entrada, los padres adoptivos decidimos serlo de niños que han sufrido más de lo que nadie debiera haberlo hecho jamás.
Porque no nos engañemos, a la adopción se llega tras un gran dolor.
Duele no poder engendrar, pero duele, imagino, mucho más haber sido abandonado por aquellos que te engendraron o haber sido separado del mundo que conocías. De manera que, quizá, lo que nos une a padres e hijos adoptivos es que unos, los padres, estamos rotos, y otros, los hijos, han sido descosidos, así que la figura de la adopción lo que hace es encontrar el roto que mejor se ajusta al descosido. Y es que hay que recordar que lo que se busca es unos padres para un niño que los necesita –y a los que tiene derecho–, no al revés.
¿Quién decide qué padres se ajustan más? En nuestro país, los organismos públicos creados al efecto. Su labor es difícil y delicada. Toca muchas teclas sensibles. Y hoy en día, en los tiempos que corren, aún es más complicada su labor.Eso sí, yo tengo algo claro, en mi caso particular, lograron que rotos y descosidos encajáramos a la perfección. Así que: MUCHAS GRACIAS.