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viernes, 1 de julio de 2016

SOY ESPAÑOLA

      Soy española porque nací en España, como lo hicieron mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos y así hasta donde puedo remontarme, pero eso, a estas alturas de la vida, no debería tener importancia. Esto sí:
      Soy española porque pago aquí todos mis impuestos, porque cuando cobro o pago aplico todos los impuestos que establece el gobierno de turno.
      Soy española porque aporto a este país toda mi capacidad intelectual, cultural, profesional y humana.
      Soy española porque conozco y respeto, además de mi lengua materna, la que compartimos todos los españoles y nunca me oirán, en un contexto formal, atentar contra ella.
      Soy española porque conozco y respeto la cultura de este país, la haya creado quien la haya creado.
      Soy española porque respeto la diversidad cultural, lingüística e ideológica de mi país y, además, pienso que lo enriquece.
      Y es que se puede ser española y de la periferia, es decir, se puede ser española y valenciana o murciana o andaluza o extremeña o gallega o asturiana o cántabra o vasca o navarra o aragonesa o catalana.
      Como se puede ser española y no ser de derechas ni católica ni neoliberal.
      Se puede ser española y pagar los impuestos que correspondan sin intentar trampear. Se puede ser española y no pertenecer a la cultura de la picaresca, ni ser condescendiente con los que engañan o intentan engañar, con los que se aprovechan de su cargo, de su puesto o de los demás.
      Se puede ser española y muchas cosas a la vez, porque la nacionalidad y el sentimiento patrio no son inherentes a una ideología, a una clase social ni a una determinada forma de ver el mundo. Por eso, ningún partido político puede apoderarse de los símbolos que nos unen a todos, del sentimiento de pertenencia a una nación, porque, de hacerlo, estarán rompiendo la unidad de España.

viernes, 20 de mayo de 2016

UNA INDIGNADA QUE NO ENTIENDE NADA

      Miren, por más vueltas que le doy al tema, no entiendo nada, la verdad. Y quiero entenderlo, fíjense ustedes. Disculpen mi terquedad, pero es que necesito entender.
      Lo plantearé como un problema de matemáticas escolares a ver si así consigo que me aclaren las cosas:
      Los ciudadanos pagamos (y por lo que se ve, nos costó un riñón) una campaña electoral y votamos (o no, depende de cada cual). Entiendo que no les gustara el resultado de las elecciones, pero fue nuestra decisión y nuestra encomienda: ustedes debían formar un gobierno pactando unos con otros. Sin embargo, han sido incapaces de hacerlo y han preferido que se convocaran nuevas elecciones. Dicho esto,
  1. ¿Por qué debemos repetir nosotros si son ustedes los que han suspendido? ¿Acaso piensan ustedes que nosotros somos “el niño de los azotes”, la criatura que recibía los palos por el mal comportamiento del príncipe intocable? ¿No les parece una figura anacrónica? Este sistema tiene un fallo muy gordo. Unos suspenden y otros repiten sin tener derecho a queja.
  2. Aceptando barco como animal acuático o que somos el niño de los azotes que tiene que repetir curso porque otros no han hecho su trabajo y han suspendido, ¿por qué debemos volver a pagar una campaña electoral? Si ya nos sabemos sus programas y no es probable que vayan a convencer ya a los que no les votaron antes. ¿O es que acaso han incorporado algún cambio verdaderamente importante? Lo único realmente interesante que a estas alturas pueden decirnos es con quién piensan pactar y en qué pueden ceder o con quién van a juntarse para concurrir a las elecciones y, para ese viaje no son necesarias tantas alforjas: convoquen una rueda de prensa y nos cuentan sus intenciones. Sale mucho más barato y, miren, no está el horno para bollos. A la mayoría de la población nos cuesta mucho esfuerzo llegar a fin de mes, la mayoría de la población de este país no puede pagarse unas vacaciones y es nuestro dinero el que tan alegremente gastan.
  3. Aceptando que somos nosotros los que hemos de repetir y que, además, hemos de pagarles de nuevo una innecesaria campaña electoral, ¿por qué a ustedes? Si ustedes han demostrado fehacientemente su incapacidad… Miren, si esto fuera una empresa y los socios capitalistas –que somos nosotros, los de a pie, que somos los que ponemos el dinero en esta empresa llamada España– marcan unos objetivos a sus directivos y les dan unas instrucciones claras y éstos ni alcanzan los objetivos ni siguen las instrucciones, a nadie le cabe la menor duda del futuro inmediato de esos directivos, ¿verdad? Caerán defenestrados inmediatamente. Y, ya que el sistema que ustedes se inventaron no prevé la posibilidad de que les despidamos por incompetentes, ¿no tienen la dignidad de desaparecer haciendo mutis por el foro y dejar paso a que otros puedan demostrar su competencia? ¿O es que acaso pretenden hacernos creer que les ha caído, cual inspiración divina, una ducha de competencia? ¿De verdad van a insultar nuestra inteligencia volviéndose a presentar?
  4. Y dado que vamos a tener que tragar por los puntos uno, dos y tres, ¿por qué diantres vamos a tener que escuchar, de nuevo, una retahíla de mentiras imposibles de creer, una ristra de ytumases cansinos hasta la saciedad y una colección de reproches que no llevan a ninguna parte? 

Crezcan, aterricen y maduren, por favor.

miércoles, 24 de febrero de 2016

EN EL PUNTO DE MIRA (última parte).

      Asúmalo, Sra. Carmena, su gobierno va a estar mirado con lupa y microscopio de altísima precisión. Da igual lo que haga. No se puede actuar a gusto de todos, debería saberlo. ¿Quiere que le cuente el cuento del hombre, el hijo y el burro?
      Se lo resumo pero que quede claro que es un cuento y, por tanto, ficción, no vaya a ser que a alguien no le guste y me enchirone:

      Había una vez un hombre que viajaba con su hijo y con un burro. Iban padre e hijo caminando y llevaban al burro de las riendas cuando se encontraron con unos tipos que comentaron: “Mira qué bobos, pudiendo ir en el burro tranquilamente y sin cansarse y, sin embargo, van los dos caminando”. Así que padre e hijo se miraron y decidieron montarse en el burro. Al poco tiempo se cruzaron con otros dos que se escandalizaron y les recriminaron el hecho de ir los dos montados en el pobre animal con todo lo que debían pesar. El padre miró al muchacho y se apeó del burro. Un poco más allá, otro hombre comentó que qué cara más dura la del muchacho, ir montado en el burro mientras el pobre anciano caminaba, a lo que el pobre muchacho, avergonzado, reaccionó cediendo el sitio a su padre. Un trecho más adelante, cuando atravesaban un río, se cruzaron con otro hombre que reprochó al padre que fuese tranquilamente sobre el burro mientras el chiquillo caminaba. Presos de la desesperación por poco tiran al burro al río y ellos detrás cuando en el último momento decidieron cargar al burro entre los dos y así entraron al pueblo ante las carcajadas de los vecinos.

      Bueno, pues asuman que no pueden gobernar al gusto de todos y que, además tienen ustedes unos Pepitos Grillos con altavoces pregonando -y retorciendo o deformando- cada cosa que ustedes hagan y no sea de su agrado, para ¿incitar al odio? No, que a ustedes se les puede odiar sin que sea delito.
      No pueden ustedes estar cambiando de opinión, ni virando el barco cada vez que suenen las sirenas del miedo y la maledicencia. Tengan ustedes su opinión bien fundada y argumentada y defiéndanla y apechuguen con las consecuencias.
       ¿Contrataron a una compañía de teatro de títeres para un espectáculo apto para todos los públicos en el que aparecían escenas que a algunos les parecían inapropiadas para los niños? Pues como en muchos sitios, oiga, que lo que a uno le parece inapropiado para otro puede no serlo. A mí no me parecen apropiados para niños determinados dibujos animados, ni para todos los públicos determinados programas televisivos y no por eso voy a pedir que los censuren. Pero si decisiones como esta las pagan en las urnas, asúmanlas.
      Y desde luego, quien monta semejante parafernalia por lo que dicen o hacen unos personajes literarios es para que se lo haga ver.

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿INGOBERNABLE?

      Llevo una semana escuchando, cual mantra, eso de que, tras el resultado de las elecciones, España resulta ingobernable. Pues perdonen los sesudos oradores mi supina ignorancia y mi cortedad de entendederas, pero no veo yo la razón de tal ingobernabilidad. Si me apuran soy capaz de entender que resulta ahora mucho más difícil que antes. ¡Acabáramos! Es que lo de antes podía llamarse de muchas maneras pero democracia… más bien no. Y me explico:
      Creerse legitimado para el ordeno y mando cuando se han obtenido prácticamente el mismo número de votos que entre abstenciones, votos nulos y votos en blanco, como ocurrió en las pasadas elecciones, no parece muy razonable. Y aún menos si, como ocurrió en el año 2000, se obtienen 834.000 votos menos que la suma de abstenciones, votos nulos y votos en blanco.
      Imponer una forma de gobierno y unas leyes cuando se han obtenido menos de un tercio de los votos del censo electoral, no parece muy ético o al menos no es razonable porque el partido del gobierno no cuenta con el respaldo real de los votantes.
      Sin embargo, así se ha hecho Y cómodo, desde luego que lo era. Práctico, es evidente que no, porque las leyes se cambiaban cada vez que cambiaba el gobierno y así no se puede avanzar.
      Parece que a los votantes nos ha cansado este juego absurdo. Parece que hemos dicho que ya está bien de jugar al “ahora mando yo y hago lo que me viene en gana”. Así que señores políticos, dejen de hacerse las víctimas y comiencen a gobernar como les hemos pedido. Se sientan ustedes, negocian y pactan. Y una vez alcanzados los acuerdos, salen ustedes a los medios de comunicación y nos los explican, que aquí somos ya todos muy mayorcitos para entender que en una negociación todos pierden algo y todos ganan algo. Pero pacten, de una vez por todas, unas políticas en las que estemos de acuerdo todos y que nos permitan ser un país serio que camina en la dirección que hemos decidido entre todos.
      Y, si no se sienten capaces de hacer lo que les hemos encomendado, ahórrennos el bochorno de verles convocar nuevas elecciones para intentar forzarnos a aceptar barco como animal acuático, presenten su baja voluntaria por incompetencia para el puesto de trabajo, con los mismos derechos que cualquier otro trabajador que solicite su baja voluntaria en la empresa, y ya buscaremos otros más preparados para el reto de gobernar un país.