Escuché ayer en la radio un anuncio que patrocinaba el Arzobispado de Valencia y en el que se nos decía que si queríamos entender la historia teníamos que estudiar religión.
¿Qué religión? ¿Qué parte de la religión?
Creo que tienen una especie de revoltijo en la cabeza, vamos, lo que viene siendo un totum revolutum, dicho sea con todos mis respetos.
Miren, si estamos hablando de estudiar las religiones tal y como estudiamos lo que se ha venido en llamar mitología, pues podría estar de acuerdo dado que forman parte de la cultura de un pueblo, del conjunto de sus tradiciones y ayudan a explicar su cosmovisión. Pero si estamos hablando de la enseñanza de dogmas, creencias, principios, moral y ritos de una religión en concreto, mezclando estos conceptos con la fe, pues no puedo estar de acuerdo, la verdad. Y creo que los que defienden la enseñanza de la religión tampoco lo estarían, si se pusieran por un momento en la piel de un agnóstico.
¿De veras me están diciendo que para entender la historia he de conocer la religión? ¿Que para entender por qué se conquistan los pueblos, por qué se realizan alianzas o cómo y por qué hemos evolucionado como especie, necesito que me expliquen la existencia de un dios y me enseñen a creer en sus mandamientos, preceptos y demás doctrina?
Vaya, pues yo prefiero explicar el origen de la Inquisición y su pervivencia durante siglos, a través de la ambición, la soberbia, la intolerancia, el miedo y otras formas de maldad humana, que no pensar que, de verdad, era un dios el que mandaba realizar esas calamidades.
Prefiero pensar que las Cruzadas –o las guerras santas, que me da igual cómo se quieran llamar y en qué siglo aparezcan– tenían su origen en un afán de dominio y conquista por parte de unos gobernantes muy humanos que no que existe un dios –o, peor aún, varios dioses– al que le parece que las guerras –y los asesinatos y las violaciones que las acompañan–, son la mejor forma de ganar adeptos.
Y, desde luego, no tengo ninguna necesidad de compartir fe con los arquitectos, escultores, pintores, escritores y demás artistas que han creado obras magníficas a lo largo de los siglos en los que el ser humano lleva habitando el planeta. Sólo necesito conocer los códigos. Y para eso me basta conocer las religiones tal y como me enseñaron la animista, la mitología griega y romana, las religiones precolombinas, y el resto de religiones que perviven en la actualidad y que, como no son la católica, no consideraron oportuno inculcarme la fe.
En resumen, que estudiar en las escuelas cualquier cosa que suponga cultura me parece un acierto, inculcar ideologías, no. Para eso hay otros lugares. Pero, francamente, mientras quienes impartan la asignatura de religión, sean creyentes contratados por la Iglesia Católica que, si no cumplen con el modo de vida que la propia Iglesia considera apropiada, son despedidos, no me parece que tengan fácil separar el hecho religioso, visto objetivamente, de la doctrina religiosa.
Para todos los que tenéis opinión propia, para los que os gusta debatir, para los que respetáis la opinión del otro, para los que sólo entráis por hacerme el favor y leerme... A todos, sed bienvenidos y muchas gracias por estar al otro lado.
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martes, 24 de mayo de 2016
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