jueves, 29 de agosto de 2013

DESPRECIO INTELECTUAL

Viniendo, como vengo, de una familia en la que todos –menos yo-  son de ciencias, estoy más que acostumbrada a escuchar el consabido “El que vale, a ciencias y el que no, a letras” así que ya estoy inmunizada contra ese tipo de comentarios. Por eso, ayer me limité a sonreír cuando alguien se metió en tremendo berenjenal e, intentando ensalzar la asignatura que estaba preparando y a sus futuros alumnos, comentó que éstos eran ingenieros técnicos, no filólogos...
Mi pregunta “¿Qué tienes tú contra los filólogos?” formulada sin ninguna acritud y todavía con la media sonrisa puesta, le hizo caer en la cuenta de la metedura de pata. Seguimos hablando: ella no tenía ni idea de lo que se estudia en Filología, como yo no la tengo de lo que se estudia en una Ingeniería. La diferencia entre nosotras radica en que yo no pienso que lo que se estudie allí sea fácil, baladí o inútil y, obviamente, ella sí.
Ella comenzó basando su argumentación sobre la supuesta facilidad con la que se puede obtener el título de filólogo en la supuesta también subjetividad de los conocimientos impartidos en Filología y que amplió, en busca de salida rápida del berenjenal, a Historia o Filosofía (que, para más inri, son, siempre según ella,  estudios básicamente memorísticos), frente a la objetividad de los datos en una ingeniería. Por supuesto, respondí y lo hice con una calma y pedagogía que hasta a mí me sorprendió, la verdad.
Ya empezamos desde puntos de partida distantes:
Ni considero que sean estudios básicamente memorísticos, ni creo que memorizar sea fácil. Lo será para quien tenga una memoria impresionante y ganas de invertir su tiempo memorizando datos, pero si no se dan ambas cuestiones, memorizar puede ser una tortura. Es más, yo reconozco haber memorizado todos y cada uno de los resultados de los problemas del libro de Física de 2º de B.U.P. pero se debía a mi absoluta incapacidad para entender la Física, no a que esos estudios fuesen “básicamente memorísticos”  y menos aún se me ocurriría de tacharlos de fáciles.
Pero es que además, y si me centro en lo que conozco, que es la Filología, sus estudios se basan en unos códigos que hay que interpretar, como todos los estudios, vaya. Así que de igual modo que, donde yo veo una sucesión de letras, números y otros signos sin sentido alguno y colocados, al parecer, de forma aleatoria, ella ve un código que transmite una orden para que una máquina actúe de una determinada manera, donde ella sólo ve una sucesión de palabras colocadas de una forma más o menos armoniosa (si es que es capaz de detectar la armonía), yo veo un código que transmite un mensaje que va a modificar la conducta, la percepción o la voluntad del que lo recibe.
En cualquier caso, para poder interpretar los códigos se necesita en principio cierta estructura mental, y después, años de estudio que nos permitan conocer los mencionados códigos.
Entonces surgió lo que yo creo que es el verdadero origen de su pensamiento: ella suspendió (muy suspendido) un examen sobre un comentario de texto cuando el más zopenco de su clase sacó un notable, y ella sólo encuentra justificación para tal injusticia en el hecho de que ella redacta mal y él redactaba bien y, como un comentario de texto es subjetivo, le convenció más al profesor el examen del susodicho zopenco. De ahí su rabia y desprecio, supongo yo, hacia lo subjetivo.  
Miren, fue el único momento en que se me borró la sonrisa condescendiente de los labios y mi tono adquirió la firmeza que, en mi humilde opinión, merecía la respuesta:
-Jamás me han suspendido un comentario de texto por opinar distinto a como opinaba profesor y jamás he suspendido a un alumno por no estar de acuerdo con su opinión. Cualquier opinión, si está lo suficientemente argumentada, es válida, la compartamos o no. Evidentemente, una buena redacción ayuda mucho a entender el hilo de la argumentación y una mala redacción, probablemente, sea pobre en argumentos y explicaciones. Es como si uno se dejase las operaciones sin resolver sólo porque ya las ha planteado. En cualquier caso, para hacer un comentario de texto, sólo hay que saber leer e interpretar el código que hay escrito y una muchacha en una fuente siempre ha significado lo mismo porque así lo decidimos los humanos en su día, de igual modo que, también en su día, decidimos que a 3’141592 le llamaríamos π.
Una de las cosas que aprendí en Filología y que me hizo crecer como ser humano es el respeto hacia el otro. Lo aprendí como se aprenden las cosas realmente importantes de la vida, a través del ejemplo. Mis profesores más sabios eran, a la vez, los más respetuosos  (incluso con los alumnos de primer curso, de quienes también he oído menosprecios). Denigrar cualquier estudio, oficio o habilidad, dice muy poco de quien lo hace, y lo poco que dice no es nada halagüeño.

3 comentarios:

  1. Muy acertada, como siempre, Mamá Pata. A más de uno de estos ingenieros he visto yo sudar sangre intentando comentar un texto...o a veces simplemente tratando de entenderlo...

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  2. Gracias Julia. ¿Qué opinas? ¿Se lo doy para que lo lea? ¿Lo imprimo y lo cuelgo en todas las facultades? Jeje

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  3. Algunas personas, más que un repetir un comentario de texto (que también) habría que darles un curso intensivo de EDUCACIÓN. Por lo visto está en baja forma (cada vez lo veo más cristalino); una persona puede ser muuuy buena en su trabajo...pero en el momento que desprecias al contrario, ya sea una determinada carrera, u oficio y cualquier otra cosa...para mí, no tiene validez como persona, no porque sea mala malísima de la muerte, si no por ser analfabeta mental, que es el analfabetismo más complicado de erradicar.

    Besos.
    Srta. Vampirella.

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